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La cirugía del abdomen agudo tiene como finalidad establecer un diagnóstico preciso o realizar un tratamiento curativo de una patología abdominal, susceptible de ser abordada mediante técnicas quirúrgicas. La forma de presentación, la historia clínica, la exploración física, los signos clínicos y las pruebas de exploración complementarias (análisis clínicos, ecografía, radiografía) son las herramientas de que dispone el veterinario para realizar un diagnóstico clínico de las diferentes patologías. Solamente después de haber aplicado los protocolos de diagnóstico de forma correcta, nos podremos plantear la pregunta: cirugía-si versus cirugía-no. La intervención quirúrgica debe realizarse siempre de forma inmediata una vez estabilizado el animal, para prevenir un progresivo deterioro físico y evitar que entre en estado de schock, complicando el éxito terapéutico.
A veces, está indicado utilizar técnicas invasivas para llegar a un diagnóstico clínico preciso, como son: la punción abdominal, el lavado peritoneal y la laparotomía exploratoria.
PUNCIÓN ABDOMINAL
Antes de realizar una abdominocentesis debemos hacer una radiografía en posición latero-lateral y una ecografía abdominal. Cuando estas técnicas menos invasivas no aportan la información suficiente para establecer un diagnóstico clínico, utilizamos la punción abdominal. La muestra del líquido abdominal obtenido y su posterior análisis nos permite en ocasiones saber si el animal precisa una laparotomía exploratoria. Para evitar atravesar la vejiga de la orina es mejor vaciarla antes de realizar la punción. Nosotros utilizamos casi siempre un catéter de diálisis peritoneal pediátrico. Preparamos el campo de forma aséptica, colocamos el animal en la mesa de exploración en decúbito lateral izquierdo, introducimos el catéter en el lado derecho del abdomen, caudal al ombligo y separado de 2-3 cm de la línea alba, para evitar así interferencias con la grasa asociada al ligamento falciforme y el ligamento mediano de la vejiga. Se realiza en el lado derecho para disminuir la posibilidad de dañar el bazo y el colon descendente. Inyectamos una pequeña cantidad de anestésico local en el lugar elegido, y mediante una hoja de bisturí del número 11 practicamos una pequeña herida en la piel, a través de la cual avanzará el catéter hacia el interior del abdomen. Generalmente, si existe líquido en el interior del abdomen no es necesario aspirar, ya que este fluye de forma espontánea. Debemos recoger aproximadamente unos 20 ml de líquido de forma estéril, ya que algunas veces es necesario realizar un cultivo y antibiograma. Si al realizar la punción abdominal con el catéter de diálisis peritoneal pediátrico no obtenemos líquido suficiente para hacer los análisis clínicos, colocamos el animal de pie, pero nunca extraemos el catéter, lo dejamos en el mismo lugar y utilizaremos el mismo catéter para realizar un lavado peritoneal. Antes de practicar una punción abdominal, debemos descartar la posibilidad de que existan grandes volúmenes de pus intracavitarios, como por ejemplo una piómetra o un absceso prostático. Si se realiza una punción transabdominal del útero repleto de pus puede provocar una peritonitis grave. También podemos utilizar como material para realizar la punción abdominal una jeringuilla con aguja hipodérmica o un catéter intravenoso al cual le habremos practicado varios pequeños orificios laterales con una hoja de bisturí. Es necesario tener cuidado para que sean pequeños y uniformes con la finalidad de que el catéter no se tuerza o se desgarre dentro del abdomen.
LAVADO PERITONEAL
Para realizar el lavado peritoneal diagnóstico introducimos 22 ml/kg de solución salina isotónica a 37º en la cavidad abdominal a través del catéter de diálisis peritoneal pediátrico. Una vez terminada la infusión, se voltea al animal de forma cuidadosa para poder dispersar el líquido; entonces aspiramos con una jeringa para recoger unos 20 ml de muestra. Lo ideal es extraer todo el líquido que se introdujo, pero lo mas frecuente es que se recupere solo una pequeña cantidad de la introducida. En animales deshidratados podemos utilizar esta vía para administrarles suero; el tiempo de absorción es de unos 20 minutos aproximadamente. Fijamos temporalmente el catéter a la piel del abdomen, para poder realizar posteriores extracciones seriadas si fuera necesario y controlar posibles hemorragias intraabdominales. Una vez recogido el líquido de lavado peritoneal hay que evaluar el color, hematocrito, recuento de glóbulos blancos y realizar una citología. De forma ocasional se realizan cultivos bacterianos y análisis bioquímicos. El color rojizo suele indicar hemoperitoneo; un hematocrito del líquido de lavado peritoneal del 5 % o superior indica una hemorragia abdominal importante. La turbidez es indicativa de peritonitis, aunque la citología y el recuento de glóbulos blancos son importantes para establecer su diagnóstico. Un recuento normal de leucocitos en el líquido de lavado peritoneal es inferior a 1000 cel/mm3. Las infecciones locales intra abdominales pueden producir un aumento superior a 4000 cel/mm3. Una cirugía reciente puede elevar el número de glóbulos blancos, pero generalmente por debajo de los 10.000 cel/mm3. Los cambios tóxicos de los neutrofilos y la presencia de bacterias intra o extracelulares son indicativas de peritonitis séptica. En estas circunstancias debe realizarse un cultivo y antibiograma para microorganismos aerobios y anaerobios, sobre todo si se han administrado antibióticos antes del lavado peritoneal y se van a continuar administrando antibióticos antes, durante y después de la cirugía. En la interpretación de las citologías de los líquidos de las cavidades, en especial los de la cavidad torácica hay que evitar confundir las células mesoteliales modificadas con células tumorales. En caso de duda hay que remitirlo a un experto. El análisis bioquímico más útil del líquido de la cavidad abdominal es la creatinina en casos en que se sospeche de una rotura del sistema urinario. También puede utilizarse la urea, pero es una molécula más pequeña que se difunde con rapidez a través del peritoneo y se equilibra con el plasma. Otras valoraciones bioquímicas importantes son la bilirrubina y el colesterol; su aumento en comparación con los niveles plasmáticos son indicativos de alteraciones en el sistema biliar.
LAPAROTOMÍA EXPLORATORIA
Anestesia. La inducción de la anestesia varía según el estado del animal. En pacientes muy graves y hemodinámicamente inestables, realizamos la inducción con metadona, 0.3 a 0.5 mg/kg, I.V. En enfermos estables pero con moderada depresión cardiocirculatoria, diazepam 0.1-0.3 mg/kg asociado con ketamina 2 a 5 mg/kg. En estos pacientes también podemos utilizar propofol. En individuos hemodinámicamente estables utilizamos tiopental sódico. Solo en estos últimos realizamos una premedicación con atropina y fenotiacinas. En todos ellos el mantenimiento de la anestesia se realiza con isofluorano y oxígeno. Durante el tiempo intraoperatorio es necesario continuar con la infusión de líquidos, además de someter a una vigilancia estricta al animal. Sobre todo en casos de extrema gravedad, deben controlarse: frecuencia respiratoria, volúmen inspiratorio, presión parcial de CO2, oxígeno, presión arterial media sistólica de forma no invasiva y electrocardiograma. Preparación quirúrgica. Se rasura y se prepara asépticamente toda la zona del abdomen ventral, desde el xifoides hasta el pubis, igual que se prepara para cualquier cirugía abdominal, pero con algunas modificaciones. El rasurado debe extenderse cranealmente sobre el esternón por si fuera necesaria una esternotomía mediana para acceder al abdomen craneal. Esto es especialmente importante en ciertas hernias diafragmáticas o traumatismos hepáticos. Es mejor preparar una amplia zona por si fuera necesario dejar un catéter de drenaje hasta el exterior. También debe rasurar y limpiar la zona perineal por cuestión de higiene postoperatoria. Durante la preparación la posición del paciente es muy importante, una posición inadecuada puede provocar la muerte del animal. En algunas ocasiones este procedimiento debe realizarse con el animal oxigenado mediante intubación y respiración asistida. La posición estándar es en decúbito supino con las extremidades extendidas, sin embargo si el animal tiene una masa intraabdominal grande, ésta presionará la zona del abdomen dorsal y puede comprimir la vena cava caudal, disminuyendo el retorno venoso y alterando el rendimiento cardíaco. Por lo tanto, para pacientes con grandes masas abdominales (neoplasias, útero grávido, piómetras grandes) no se usan las posiciones estándar. Estos pacientes deben colocarse de forma oblicua para disminuir la presión sobre la vena cava. Una vez abierto el abdomen la presión sobre la vena cava caudal disminuye elevando el órgano o masa afectada. Es aconsejable pretratar estos pacientes con metilprednisolona (30 mg/kg IV) 5 minutos antes que se libere la compresión venosa para evitar los daños provocados por la reperfusión. La administración de metilprednisolona debe hacerse en el momento adecuado porque sino el medicamento no tendrá tiempo de actuar y se tendrá que retrasar la maniobra descompresiva. También puede utilizarse este corticoesteroide intraoperativamente antes de recolocar los órganos torsionados o realizar la exéresis de órganos enfermos de gran tamaño. Una vez anestesiado el animal es aconsejable colocar un catéter venoso central. Este catéter se utiliza para administrar líquidos y controlar la presión venosa central. Antes de terminar la preparación para la cirugía debe vaciarse la vejiga de la orina, ya sea por presión manual o sonda. Es aconsejable, también, dejar una sonda urinaria conectada a un sistema de recolección de orina para controlar la producción de ésta. Exploración quirúrgica. La laparotomía exploratoria debe realizarse de forma sistemática y completa. Retrasar la cirugía sólo estaría indicado cuando el riesgo de muerte sea muy elevado a consecuencia de la anestesia. Cada cirujano debe establecer su propia metodología de exploración. En primer lugar debe resolver el problema principal, y después evitando dejarse deslumbrar por lo evidente, realizar siempre la exploración de T O D A la cavidad abdominal. Se realiza una incisión en la piel con bisturí por la línea alba desde el apéndice xifoides hasta el pubis. Se emplea el electrocauterio para controlar la hemorragia del tejido conjuntivo subcutáneo. Mediante dos pinzas de Alis se eleva la línea alba y se hace una incisión lo suficientemente grande para introducir un dedo y poder palpar posibles adherencias intraabdominales, prolongaremos la incisión con unas tijeras tipo Mayo hacia el apéndice xifoides y pubis respectivamente. Se debe evitar que la sangre entre en el interior de la cavidad abdominal. Tras una visión rápida del contenido abdominal se libera la presión de la vena cava si existe. Colocamos un separador autoestático tipo Balfour fijado a los músculos rectos abdominales con dos pinzas de campo Backhaus. Para secar la sangre y manipular las vísceras abdominales debemos utilizar SIEMPRE gasas de algodón estériles de tamaño grande, (1.000*1.000) con un hilo radio-opaco en su interior. Su número debe ser conocido al iniciar la cirugía, al terminar siempre hay que contarlas y en caso de duda realizar una radiografía abdominal. El empleo de gasas de algodón de pequeño tamaño (20*20) es asumir un riesgo elevado de “olvidar” alguna en el interior de la cavidad abdominal. Generalmente son la causa de peritonitis postcirugía de difícil diagnóstico y alta morbilidad. Para realizar una exploración completa seguiremos el siguiente orden: 1º.- Observar las superficies peritoneales incluyendo el diafragma en busca de petequias, equimosis, carcinomatosis o alguna otra anomalía. 2º.- En la porción lateral izquierda desplazamos el mesocolon izquierdo, observamos el riñón, glándula adrenal y ovario izquierdo, al igual que las estructuras vasculares asociadas. 3º.- Para visualizar la porción derecha desplazamos el mesoduodeno y exploramos las estructuras contralaterales derechas. Durante esta maniobra inspeccionamos el páncreas. En esta región observamos y exploramos mediante palpación el foramen epiploico, lo que debe hacerse en todas las laparotomías exploratorias. 4º.- Hay que reaccionar con habilidad y prontitud ante una hemorragia hepática: la vena porta y la arteria hepática están muy cerca del borde ventral del foramen epiploico y una presión digital de ambas puede reducir temporalmente el sangrado hepático. 5º.- Examinamos el resto de los órganos: bazo, hígado, vesícula biliar y vejiga de la orina. Esta ultima se inspecciona visualmente y ejerciendo una leve presión manual. 6º.- Para terminar de explorar el resto del tracto digestivo reclinamos el bazo caudalmente, lo que facilita la exteriorización del estómago para inspeccionar el esófago abdominal y el estómago. La exploración gástrica incluye la palpación del piloro. 7º.- Exploramos el intestino delgado haciendo especial énfasis en el color, irrigación y presencia de masas. 8º.- Exploramos el colon, los nódulos linfáticos mesentéricos, el canal pélvico, la próstata y los nódulos linfáticos sublumbares. En caso de duda sobre el tipo de lesión existente macroscópicamente, no debemos prejuzgar de forma impulsiva, ( es un tumor o no es nada) siempre hay que tomar muestras para realizar una citología en fase intraoperatoria y el posterior estudio anatomopatológico. En razas grandes, al finalizar la laparotomía exploratoria está indicado realizar una gastropexia profiláctica del estómago, ya que a veces se produce una torsión o dilatación gástrica como complicación secundaria post-quirúrgica de una cirugía abdominal. En caso de duda sobre las medidas de asepsia desarrolladas durante la cirugía abdominal, la viabilidad de las suturas gastrointestinales o la posibilidad de que se desarrolle una peritonitis es aconsejable siempre dejar colocado un catéter de diálisis peritoneal en la parte derecha de la pared abdominal y fijado en su parte central con un punto de sutura reabsorbible al peritoneo parietal. Este catéter lo utilizaremos para realizar lavados periódicos con suero fisiológico a 37º cada 4-8 horas, asi como analizar y drenar los líquidos que se produzcan en la cavidad peritoneal. Estos lavados abdominales periódicos disminuyen la producción de adherencias intestinales. Otra alternativa existente en los casos de infecciones graves es realizar una sutura de la línea alba de forma parcial, interponiendo gasas de gran tamaño y protegidas con un vendaje alrededor de todo el abdomen para evitar las eventraciones de las vísceras abdominales. Este tipo de cierre secuenciado requiere cambios de apósitos de forma periódica cada 6-8 horas, suele ser necesaria la sedación del animal para evitar el dolor y las manipulaciones violentas. También permite el drenaje de forma continua y en caso de duda, poder examinar la viabilidad de los órganos internos sin la necesidad de realizar una segunda laparotomía exploratoria. Conviene realizar un lavado peritoneal intraoperatorio antes del cierre de la cavidad abdominal cuando exista riesgo de una peritonitis séptica. Utilizamos suero fisiológico a 37º, esto permite luchar contra la hipotermia operatoria y permite la hidratación de los tejidos. Durante esta maniobra clínica los órganos abdominales deben moverse con el fin de desprender restos de detritus. Inicialmente tres ciclos de lavado-aspiración son suficientes. Es preferible no dejar líquido en la cavidad abdominal ya que dificulta la acción de los macrófagos y favorece la multiplicación de los gérmenes. La utilización de antibióticos y antisépticos esta indicada cuanto mas reciente es la infección peritoneal. Después de la contaminación bacteriana existe un periodo de latencia de 4-6 horas en el cual los lavados profilácticos peritoneales tienen la máxima eficacia. Después de transcurrido este periodo de tiempo su utilidad esta mas controvertida. El antiséptico de elección es la clorexidrina al 0.05- 0.02 %. Es aconsejable utilizar antibioterapia por vía parenteral siempre que exista riesgo de contaminación en la cavidad abdominal. La combinación de tres antibióticos: una cefalosporina (cefalexina) para los gérmenes gram positivos, un aminoglicosido (gentamicina) para los bacterias gram negativas y para los gérmenes anaerobios el tratamiento mas adecuado es la clindamicina o el metronidazol. Este tratamiento obliga a valorar el grado de funcionalidad renal. Otra posibilidad terapéutica es la combinación de la enrrofloxacina y la clidamicina. Siempre que nos sea posible debemos instaurar el tratamiento antibiótico en función de los resultados del cultivo y el antibiograma. El cierre habitual de la cavidad abdominal es mediante tres capas de suturas. Nosotros utilizamos puntos simples de nylon para la sutura de la línea alba, englobando a ser posible el peritoneo parietal y la fascia de los músculos rectos abdominales. Hay que evitar interponer el ligamento falciforme entre la fascia externa de los músculos rectos abdominales. La ausencia de la sutura del peritoneo parietal no influye en la resistencia a la tensión de las heridas abdominales ni favorece la producción de adherencias postoperatorias. El tejido subcutáneo lo suturamos de forma continua con catgut crómico y la piel con puntos simples de supramid. En los casos no comprometidos utilizamos una sutura intradérmica para la piel. El catgut crómico no debe utilizarse para suturar la línea media, está contraindicado. Siempre que sospechemos que pueda existir el riesgo de que se produzca un absceso de pared abdominal en el postoperatorio dejamos colocado un drenaje de látex tipo Pen-Roux en el tejido conjuntivo subcutáneo y anclado con un punto de sutura de supramid en cada extremo a la piel. Siempre que se considere que exista dolor se recomienda utilizar analgésicos tan pronto como se determine que los efectos del fármaco no interfieran en la valoración diagnóstica. Tampoco deben administrarse en animales en estado crítico, pero sí cuando haya revertido el estado de schock. De forma habitual utilizamos bupremorfina a dosis de 0.005 – 0.02 mg/kg. Frente a un caso clínico de abdomen agudo, una vez estabilizado el paciente, la elección de cirugía si / cirugía no es de vital importancia. La correcta decisión clínica está basada en la adecuada metodología aplicada. Debemos ser conscientes de que las posibilidades de equivocación son importantes debido a la coexistencia a veces de varios procesos patológicos. Por ejemplo, un animal afectado de gastroenteritis hemorrágica por parvovirus canino y otro que padece asociada una invaginación intestinal. En el primer caso la cirugía no esta indicada y el realizarla aumenta el riesgo de muerte del perro. En el segundo caso, el realizar exclusivamente un tratamiento medico determina la muerte del paciente. Así pues, al final de todo diagnóstico, deberemos emitir un juicio clínico de la indicación o contraindicación de la cirugía. Creemos que, en caso de duda razonable, realizar una laparotomía exploratoria conlleva menos riesgos que el haberse inhibido de realizarla. El simple hecho de haberla demorado, puede ser decisivo para la no supervivencia del paciente. En resúmen, la cirugía en el abdomen agudo es en general una cirugía de urgencia en la que asume una especial relevancia la parte médica del diagnóstico clínico y la estabilización preoperatoria del animal. El acierto en el diagnóstico diferencial está basado en la aplicación de unos protocolos de actuación estrictos y la realización de pruebas de exploración complementarias. La anestesia, reanimación, seguimiento posquirúrgico y la hospitalización de los pacientes en estado crítico asumen un protagonismo especial y determinan en gran proporción el éxito o fracaso terapéutico. Debemos ser conscientes de la existencia de animales incurables por la naturaleza, gravedad y extensión de las lesiones. Además, el acierto en la totalidad de los casos planteados es imposible y debemos admitir que el error forma parte de nuestra condición de veterinarios clínicos.
HEMOPERITONEO
Se presenta en perros de todas las edades, como consecuencia de diferentes etiologías. Las causas traumáticas y tumorales (hemangiosarcoma) son las más frecuentes aunque también existen causas tóxicas (dicumarinas). Los pacientes con hemoperitoneo presentan alteraciones hemodinámicas importantes. La estabilización mediante fluidoterapia y compresión abdominal es necesaria antes de una exploración quirúrgica abdominal. Dicha exploración debe realizarse en la mayoría de los casos. A veces, es necesaria una transfusión sanguínea antes de la cirugía. El tratamiento quirúrgico basado en la resección y el control del foco de sangrado, extirpando los tejidos desvitalizados es lo más adecuado. En caso de duda sobre la naturaleza de la lesión hay que tomar muestras para hacer una biopsia. En las intoxicaciones por dicumarinas a parte del tratamiento con vitamina k, suele ser necesaria una transfusión sanguínea. La terapia óptima requiere en general técnicas avanzadas en anestesia, cirugía y hospitalización. El resultado está en función de la gravedad de la causa etiológica.
ESPLENECTOMIA
La esplenectomía está indicada en traumatismos graves, neoplasias, torsión esplénica (para prevenir recidivas), y en la torsión gástrica siempre que exista trombosis de las arterias o venas esplénicas. La vía de acceso es por laparotomía abdominal en la línea media. En general es posible exteriorizar el bazo en animales con tumores aunque a veces existen adherencias que lo dificultan. Hay que empezar evidenciando el hilio de la víscera. Para ello, se abre la porción ventral del epiplón mayor, equidistante del bazo y la curvatura mayor del estómago. Esto proporciona el acceso a los epiplones, donde están situados los principales vasos sanguíneos: la arteria y la vena esplénicas y la arteria y vena gastroepiploicas izquierdas. Se realiza una ligadura de estos vasos sanguíneos y se seccionan. Cuando los vasos principales están ligados continuamos la disección en dirección a el fundus gástrico. Esta porción del epiplón mayor se denomina ligamento gastroesplénico, contiene las arterias y las venas gástricas cortas, que se ligan. Se repite este procedimiento hasta llegar al final del ligamento gastroesplénico. En esta fase el bazo ya solo está unido al epiplón mayor; se independizan los vasos y se ligan para terminar de independizarlo por completo. En los casos de torsión esplénica es aconsejable realizar la exéresis quirúrgica sin recolocar la víscera en su posición fisiológica para evitar la liberación de toxinas a la circulación general y prevenir los transtronos de la reperfusión provocados por los oxiradicales libres.
INSTALACIONES Y MATERIALES ACONSEJABLES
-Mesa de cirugía de altura regulable, plegable de dos hojas y basculante. -Separadores autoestáticos de Balfour de varios tamaños. -Aspirador de líquidos. -Fuente de luz orientable de luminiscencia superior a los 50.000 lux. -Anestesia por gases, preferible isoflorano. -Monitorización del control anestésico. -Hospitalización. -Catéter venoso central. -Catéter de diálisis peritoneal. -Gasas de tamaño grande con hilo radio-opaco en su interior. BIBLIOGRAFÍA Bardet, JF. Chirugie abdominale chez les carnivores domestiques: principes généraux. Prat Méd Chir Anim Comp., 29, pag 621-630. 1994. Batalik, B. Mydlo, J. Peroperative peritoneal lavage and intraabdominal instillation of antibiotics in an experiment. Rozhl Chir 70(5):300-3. 1991. Fossum, TW. Exploratory laparotomy, en Cirugía en pequeños animales, Fossum, TW, Ed. Inter-Médica. Buenos Aires, pag. 218- 220. 1999. Lanz, OI. Ellison, GW. Bellah, JR. Weichman, G. VanGilder, J. Surgical treatment of septic peritonitis without abdominal drainage in 28 dogs. J. Am. Anim. Hosp. Assoc. 37(1): pag 87-92. 2001. Mann, FA. Acute abdomen: Diagnostic evaluation. En proceedings 19th ACVIM, Denver, Co, pag. 804-807. 2001. Mann, FA. Acute Abdomen: Evaluation and Emergency Treatment, en Kirk’s Current Veterinary Therapy XIII Small Animal Practice, Bonagura JD, ed., Philadelphia, WB Saunders Co, pag. 160 – 164. 2000. Swann, H. Hughes, D. Diagnosis and management of peritonitis. Vet Clin North Am Small Anim Pract. 30(3): pag603-615. 2000